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Archive for the ‘Sopas’ Category

Zuppa di pane cotto

La llegada de los primeros fríos nos invita a desempolvar ollas y cazuelas y a volver a sacar brillo a nuestras cucharas. En media hora, con no más de 10 minutos de trabajo en cocina, tendremos preparada esta deliciosa sopa.

Ingredientes: 1 bote de tomate entero pelado de 400 gramos, 1 litro de agua, aceite de oliva, 3 dientes de ajo, 1 guindilla, un puñado de hojas de albahaca fresca, 1/2  barra de pan duro, queso parmesano para espolvorear, sal y pimienta.

Sofreímos ajo y guindilla, incorporamos tomates bien picados. 5 minutos reduciendo y entran agua, pan en dados, sal y pimienta. Cocemos media hora a fuego suave y a final rectificamos de sal y pimienta, añadimos la albahaca fresca, damos una chispa de parmesano y hervimos muy suave todo junto un par de minutos más revolviendo bien.

Servimos en la mesa, alegramos con un chorrito de aceite de oliva crudo y extra de queso parmesano.

No sé puede hacer más fácil.

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Sopa de cebolla

Otra receta francesa. Otra receta de sopa. En noches como esta, tenemos la enajenación mental transitoria en su rama desiderativa de un invierno perpetuo, pero se pasa rápido.

Ponemos a hacer un caldo bien sabroso de carne. Para dos litros de agua, nosotros hemos incorporado dos carcasas de pollo, dos huesos de ternera, un hueso de jamón, un puerro y una zanahoria. Cocemos una hora en la olla exprés y colamos el caldo.

En paralelo picamos en juliana tres cebollas blancas, salpimentamos y sofreimos a fuego medio en una cucharada sopera de aceite y dos hermosas de mantequilla alrededor de 25 minutos. Chorrito de brandy, evaporamos el alcohol e incorporamos un litro de caldo que dejamos hirviendo de forma leve con la cebolla media hora más. Guardamos el otro litro de caldo para una receta futura.

Ahora, posamos dos buenas rebanadas de hogaza sobre la sopa, bañamos con queso rallado y gratinamos en el horno un último cuarto de hora. Contigo, pan y cebolla.

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Vamos a intentar introducir las sopas en el blog, aunque no conciten unanimidad familiar. Buscaremos las más sabrosas para superar con salud el invierno.

Esta es nuestra versión de invierno del clásico italiano. Los ingredientes son calabaza, zanahoria, apio, cebolleta, puerro, judías verdes, pimiento rojo con moderación, tomate maduro rallado, farro perlado, caldo de pollo, pimienta negra, sal, aceite de oliva, queso parmesano y romero, albahaca y tomillo para aromatizar.

Lavamos y picamos las verduras, las salteamos en aceite de oliva 5 minutos, incorporamos los tomates rallados y continuamos otros 3 minutos. A contunuación añadimos caldo, farro y aromáticos en un hatillo y hervimos a fuego suave 45 minutos. Ya estamos preparados para servir en el plato y rematar con un chorrito de aceite crudo e imprescindible queso parmesano rallado.

La primera en la frente.

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Tortellini in brodo

Quintaesencia de la cocina italiana, quizás el plato de pasta más refinado de cuantos hay. Clásico de la Emilia Romagna, servirá de reto para todos nuestros amigos en posesión de una máquina de hacer pasta, que sois bastantes. Esperamos noticias.

Antes de nada, un poco de historia. Parece que el origen de esta receta está en un acto de voyeurismo a la Norman Bates que sólo consiguió ver un ombligo pero que debió ser memorable, pues llevó al mirón a crear este plato para recrear tamaña visión. Volviendo a la realidad, la versión de la Hosteria Giusti de Módena es inmejorable y su elaboración con manos sabias en Le Sfogline de Bolonia, irrepetible.

Vamos con la farsa. 300 gramos de carne picada de cerdo que sofreímos y salteamos salpimentada, 60 gramos de jamón ibérico y 80 gramos de mortadela que incorporamos picaditos muy fino junto con un puñado de queso parmesano rallado a la sartén al final. Aderezamos con nuez moscada y dejamos templar. Mezclamos con miga de pan mojada en leche y una yema de huevo para formar una pasta ligada.

Preparamos tres huevos de pasta en láminas finas, las cortamos en cuadrados del tamaño de la batería de la cámara y nos ponemos a hacer los tortellini. Lo mejor es hacer el proceso lámina a lámina para que no sequen y peguen bien.

Ponemos relleno, ni mucho ni poco.

Hacemos un triángulo.

Juntamos los dos extremos que hicieron de eje de simetría en el giro.

Plegamos el pico hacia afuera.

Y un par de horas después …

Ahora preparamos un caldo de pollo a la antigua usanza, con el fuego muy lento durante dos horas. Hervimos los tortellini en el caldo, espolvoreamos parmesano rallado al gusto y tenemos el cielo en nuestras manos. O al menos, una docena de ombligos.

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PHO

Mi primera experiencia con una sopa de fideos asiática fue calamitosa. Fue en un restaurante thai de Manchester. No sabía qué hacer con ella, los fideos eran larguísimos y no sabía como echarles mano. Me sentí como Peter Sellers en el Guateque. Desastre total.

La segunda experiencia no fue mucho mejor. En un restaurante del Chinatown de Nueva York rodeado de chinos que no hablaban inglés y sorbían como condenados un líquido blancuzco con dumplings sospechosos al que yo no le vi la gracia por ninguna parte. Por lo menos tuve tiempo a estudiar la técnica de cuchara y palillos que utilzaban y que creo que nunca dominaré.

La tercera fue la vencida, disfruté sorbiendo como el que más en un soba house de Nara de unos deliciosos soba con tempura de langostino.

Ahora cada vez que voy por el mundo procuro acerarme a alguno de estos establecimientos y tomarlo, me estoy volviendo adicto.

Nunca he estado en Vietnam, por lo que nunca he probado el auténtico Pho, la sopa de fideos de Hanoi, pero he probado una deliciosa en Toronto que me he empeñado en hacer.

En una visita a casa de mi hermano encontré un libro que creo que nunca había usado y que no dudé en coger prestado para siempre al descubrir que contenía esta receta. Es más raro que complicado. Un caldo de carne y pollo que se cuece 5 horas sin verdura, pero con gengibre, semillas de cilantro, clavo y canela que cuando estuvo preparado me pareció asqueroso al que en el momento de tomar se le añade un filete crudo, fiedos de arroz y unos aderezos (lima, guindilla, cilantro, albahaca, brotes de soja, cebolleta …) que de repente se convierte en un plato riquísimo.

Lo más parecido que he probado en Madrid ha sido en Oishii, pero el servicio irregular y la locura de decoración no ayudaban a superar un sabor que tampoco era óptimo.

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